Ya han pasado 4 meses desde que obtuve mi bachillerato, os lo contaba en mi anterior post del blog: Estudiar para crecer y cambiar al sur de Senegal. Estaba contento, no, no, estaba muy muy contento con la perspectiva de irme a la universidad, quizás a Dakar, a estudiar filología hispánica y así empezar a vivir mi sueño de convertirme en guía "de español". Pero a veces, y quizás más en África, las cosas no salen como te esperas ni siguen lo que podríamos llamar su curso normal. Así, salió una primera lista y luego una segunda lista con la distribución de estudiantes en las diferentes universidades del país. Yo no aparecí en ninguna de ellas, en ese momento mi corazón dio un vuelco y me puse triste, las semanas habían ido pasando con la esperanza de obtener una plaza, pregunté en repetidas ocasiones y decían que sólo era cuestión de tiempo, que debía esperar. Ahora, 4 meses después soy consciente de que no va a ser así, y sí, sigo esperando la que será la tercera lista, quizás para enero o febrero de 2019 y será una lista para universidades privadas en la que no aparecerá filología hispánica. No sé si podéis imaginaros mi desesperación, tanto esfuerzo para ver derrumbarse todas mis esperanzas con un simple hecho: no aparecer en las listas!!!
Y en cuanto lo supe se lo conté a Mònica, mi amiga de Barcelona, a la que envié uno de nuestros habituales mensajes de voz (cosa que hago a menudo cuando mi teléfono decide funcionar y tener conexión 3G) pero esta vez era un mensaje cargado de pena y desencanto. Y Mónica me contestó enseguida, me dijo que a veces las cosas no salen como queremos, que se tuercen irremediablemente y que es entonces, cuando hay que convertir el desastre en oportunidad. Así, me propuso que fuera al colegio de Ibel, mi pueblo, y me ofreciera para ayudar, me decía que un chico con el bachillerato podía ser de gran ayuda para los niños y niñas, que así ocuparía mi tiempo aportando conocimiento a mi comunidad y que iba a sentirme muy, muy bien. No lo pensé dos veces, al día siguiente me fuí para allí y me ofrecí. Nunca hubiera pensado que en tan poco tiempo iba a gustarme tanto ejercer de profesor, "Abdoul el profe", la verdad no sonaba nada mal.
Ya han pasado algunas semanas y de lunes a viernes voy "al cole" 4 horas cada día, enseño a leer, francés, matemáticas y geografía a niños de 7 a 12 años.
Tengo una clase con 28 alumnos y alumnas, que creo, disfrutan con mis explicaciones pero aún disfruto más yo preparando las clases y viendo como abren los ojos como platos cuando les cuento cosas. Estoy emocionado con mi "nuevo trabajo" en el que también he incorporado la actividad física ya que con ella mis chicos y chicas se divierten y cuando volvemos a la clase, bebemos agua y están mucho más atentos. Finalmente también trabajamos nuestro comportamiento "iesté", como debemos actuar ante las personas mayores, como ser respetuosos con todo el mundo y en definitiva como ser buenas personas.
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Con mis alumnos y alumnas "de tarde" |
Ciertamente nunca me hubiera imaginado de profesor, quien sabe, igual es una opción a considerar para mi ansiada tercera lista de orientación universitaria". Mònica también me propone estudios vinculados al mundo de la salud, ya sea enfermería o medicina, ella es médico y por eso a menudo se desvía hacia estos temas.
Hoy puedo deciros que finalmente, cada mañana me despierto ilusionado pensando en las 4 horas que voy a pasar dando clase, siempre era yo el alumno y ahora transmitir y compartir lo que yo he aprendido me hace sentir bien y feliz.
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